Historia de un sueño llamado Tranvía

Historia de un sueño llamado Tranvía

Era época de navidad ese diciembre del 2015 y en La Serena y Coquimbo ello se sentía como en el resto del país, pero con ese especial aire de mar propio de toda comuna costera que te lleva a respirar profundo para apreciar su grata brisa. No eran mis comunas de representación en el Congreso, pero me encontraba ahí para sostener una reunión con el Gerente de CKC quien encabezaba, y aún lo hace, un proyecto de transporte innovador para esas ciudades: El Tranvía la Serena Coquimbo. Qué mejor que ver en terreno el futuro trazado y bondades del que era, hasta ese momento, el único proyecto de Tranvía de la Ley de Concesiones.

José Antonio Ramirez, Gerente de CKC, abogado y doctor en derecho constitucional, hombre de sonrisa afable y gran alegría, me esperaba con un café en un local del centro de La Serena.

Extraño, me comenta José Antonio, luego de saludarnos, que dos abogados se junten para conversar de un segundo Tranvía, esta vez el de Rancagua-Machalí, sueños más propios de ingenieros que de amantes del derecho. Extraño y no habitual, comenté, pero esta bella profesión te abre puertas a de todo tipo de iniciativas y los Tranvías no están exentos de normas de todo tipo que te vinculan con tu profesión. Es efectivo, concluimos al unísono, pero inmediatamente mi colega señaló: Rancagua aún no figura sino en tu mente Ricardo y nosotros, debo ser muy sincero, somos una consultora de servicios profesionales y no sé si seremos los indicados para desarrollar tamaño sueño ya con un Tranvía y varios otros proyectos en desarrollo.

Y así transcurrió la reunión con un café entre dos ya amigos y colegas que desde la más profunda sinceridad analizaron la idea, telefónicamente explorada semanas antes, y que en ese momento, a partir del trabajo realizado en la Serena, concluimos como posible si y sólo si el Gobierno, MOP incluido, se comprometía de verdad con el proyecto.

En otras palabras, para José Antonio y su consultora le era difícil abordar dos mega proyectos, a casi 600 kilómetros uno de otro, sin ningún financiamiento público y con la carga y burocracia propia de todo Estado centralista. Y por ello mi colega colocaba como condición esencial, para evaluar nuestra idea, la colaboración de la autoridad y un genuino interés para que llegara a ser un proyecto en condición de licitación internacional, objetivo a alcanzar en el marco de la ley de concesiones.

Dicho lo anterior José Antonio me señaló que en lo inmediato sólo podía comprometer unas cuantas visitas durante el verano 2016 para ver si la idea tenía asidero y si los atractivos que yo planteaba eran tales. Mal que mal, agregó, tienes la suerte de estar al lado de Santiago por lo que no requerimos, como aquí, pernoctar aumentado considerablemente nuestros costos.

Convencido del potencial de nuestra idea, señalé a mi colega: La Serena y Coquimbo tienen un tremendo atractivo y potencial turístico y de desarrollo inmobiliario y de infraestructura evidentes, pero no cuentan con Ferrocarriles del Estado ni con una familia minera que demanda transporte de calidad y cuyos buses son una constante recarga para el territorio.

Además, agregué, Rancagua Express lleva retraso y mucho, pero será una realidad, pues si ese proyecto no saliera implicaría el abandono del modo ferroviario para el resto del sur de Chile y me niego a que ello sea posible. Por tanto, saldrá adelante y potenciará el Tranvía como éste a Rancagua Express. Tengo tanta fe en ello que si vuestra evaluación es positiva, me empeñaré en todos los apoyos que requieres para que Rancagua-Machalí sea el primer Tranvía de Chile.

José Antonio se levantó, pero sin antes señalar: “espero en eso te equivoques Ricardo, pues lo ideal es desarrollar los dos en sus tiempos”. Dicho ello, me invitó a recorrer el trazado para La Serena Coquimbo y así conocer la envergadura del proyecto. Iniciábamos así, desde la Serena y Coquimbo, la historia de un sueño y Tranvía para O´Higgins.

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